22 enero 2026

El nazismo no es socialismo



Ha resurgido una narrativa que intenta vincular al nacionalsocialismo (nazismo) con el socialismo, basándose casi exclusivamente en la presencia de la palabra "socialista" en el nombre del partido de Adolf Hitler.

Sin embargo, un auténtico análisis de la historia, la economía y la sociología política demuestra, con datos duros verificables, que el nazismo fue, en esencia, un movimiento de ultraderecha radical, diametralmente opuesto a los fundamentos del socialismo.

Recordemos (está documentado) que Adolf Hitler admitió en varias ocasiones que se apropió del término "socialismo" para atraer a la clase obrera y despojarlo de su significado marxista, redefiniéndolo para su propia ideología nacionalista.

La diferencia fundamental entre las dos corrientes radica en la estructura económica. Mientras que el socialismo, especialmente en su vertiente marxista, busca la abolición de la propiedad privada y la colectivización de los medios de producción, el régimen nazi hizo todo lo contrario.

Privatización masiva: En la década de 1930, mientras el mundo lidiaba con la Gran Depresión, el gobierno nazi llevó a cabo una venta masiva de servicios públicos (ferrocarriles, bancos y acereras) al sector privado. De hecho, el término "privatización" fue utilizado por los economistas para describir la política económica de la Alemania nazi.

Alianza con la burguesía: Hitler no buscó derrocar a las élites, sino que se alió con los grandes industriales. A cambio de contratos estatales y la supresión de los sindicatos, las empresas privadas mantuvieron sus beneficios, siempre que su producción se alineara con el esfuerzo de su guerra.

La destrucción del movimiento obrero: Una de las primeras acciones de Hitler al llegar al poder en 1933 fue desmantelar las instituciones socialistas. Los sindicatos fueron prohibidos y reemplazados por el Frente Alemán del Trabajo (DAF), una organización estatal que eliminó el derecho a la huelga y priorizó la productividad nacional sobre los derechos del trabajador.

Los primeros prisioneros del campo de concentración de Dachau no fueron grupos étnicos, sino comunistas y socialdemócratas. Para los nazis, el socialismo internacionalista era una "invención judía" diseñada para debilitar a las naciones desde dentro.

Por el otro lado, el socialismo se fundamenta en la lucha de clases y la búsqueda de una sociedad igualitaria, impulsando el progresismo. El nazismo, por el contrario, abraza el darwinismo social y la “jerarquía natural”, aferrándose más al conservadurismo y al capitalismo autoritario.

Mientras el socialismo es más internacionalista, o globalista, pues busca la unión de las sociedades; el nazismo era (y es) hiper-patriótico, busca separar y dividir con fronteras ideológicas. No buscaban la unión de los trabajadores, sino la supremacía de la "raza", hoy en día buscan la supremacía de su ideología sectaria.

Los nazis usaron el término "socialismo" para redefinirlo como una unidad nacional racial. En su visión, no importaba la clase social siempre que fueras "étnicamente puro". Esta es una clásica postura de ultraderecha que sustituye la lucha de clases por la lucha racial, ideológica y nacional.

Históricamente, el nazismo se clasifica como una forma de fascismo, y eso nadie lo puede negar. El fascismo surgió como una reacción violenta contra el auge del socialismo y el comunismo en Europa tras la Primera Guerra Mundial. Su objetivo era proteger el “orden tradicional” y la propiedad privada (algo que siguen diciendo hasta la fecha los de ultraderecha) mediante un gobierno autoritario que aplasta cualquier insurgencia “izquierdista”.

Etiquetar al nazismo como socialismo basándose en su nombre es de incultos e ignorantes, es un error histórico equivalente a creer que la República Democrática de Corea (Corea del Norte) es una democracia funcional.

El nacionalsocialismo utilizó la retórica social para atraer a las masas desilusionadas, pero en la práctica, consolidó el poder de las corporaciones, destruyó los derechos laborales y persiguió hasta la muerte a los verdaderos socialistas. El nazismo se sitúa en el extremo de la derecha reaccionaria, donde la patria, la ideología y la raza aplastan al individuo y a la justicia social.

Esa idea de que nazismo y socialismo es lo mismo, está totalmente refutada.

Ahí te la dejo de tarea.

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19 enero 2026

Realizan Primer Torneo Nacional de Softcombat en Tampico





La Asociación Mexicana de Combate Histórico Deportivo realiza con gran éxito su primer torneo nacional de softcombat deportivo y coreografía en Tampico, Tamaulipas. 

El domingo 18 de enero, en el Teatro Metropolitano de la ciudad de Tampico, Tamaulipas, fue el escenario donde se realizó el 1er Torneo Nacional de Softcombat y Coreografía organizado por la AMEXCOMBAHD (Asociación Mexicana de Combate Histórico Deportivo), evento que fue transmitido en vivo por las redes sociales. 

La competencia se realizó con la participación de 35 deportistas, quienes demostraron su habilidad y destreza con la espada ante sus contrincantes, en un evento que destacó por la gran fraternidad que hay entre estas agrupaciones.  


Los grupos que participaron en la contienda fueron: 

Star Wars Tamaulipas

Oblivion Knights

Medievalia Club de Ciudad de México

Softcombat Sur de Tamaulipas

Melos Ninjutsu

Último Bastión

Spartans Softcombat Monclova

Arid Knights

Softcombat Fighting League

Zona de Fantasía Huastel


Dentro de lo más destacable del evento fue la utilización de marcación digital de los puntajes, los cuales estaban a la vista de todos los asistentes. Erwing Louis, líder de la División de combate Star Wars Tamaulipas fue quien gestionó la realización del evento, que llamó mucho la atención de las personas. 


Tamaulipas se llevó toda la categoría Principiantes Infantil Adolescente, los ganadores fueron: 

1er lugar: Luca Padilla, de Star Wars Tamaulipas

2o lugar: Oscar Portales, de Star Wars Tamaulipas

3er lugar: Alexa Nicole Sámano, de Star Wars Tamaulipas


En la Categoría Intermedio Juvenil Adulto los ganadores fueron: 

1er: Hugo Camacho, de Softcombat Sur de Tamaulipas

2o: David Aldebarán, de Medievalia Club 

3er: Cristofer Esparza, de Oblivion Knights de Nuevo León


Y en la categoría Principiante Juvenil Adulto, los ganadores fueron: 

1er: Hiram Gutiérrez, de Oblivion Knights de Nuevo León

2o: Alejandro Gómez, de Oblivion Knights de Nuevo León

3er: Mario Eduardo Silva, de Medievalia Club


En lo referente al Combate Escénico, fueron los competidores Ezau Gallegos y Emmanuel Gallegos, de los Spartans Softcombat Monclova, Coahuila, quienes se coronaron como los campeones, mientras los representantes de Oblivion Knights de Nuevo León, Hiram Gutiérrez y Alejandro Gómez, obtuvieron el 2º, y el 3er lugar fue para Charly Silva y Saúl Ramos, de Oblivion Knights de Nuevo León, en esta innovadora categoría. 


Una vez más el softcombat deportivo va ganando más espacios dentro de los deportes formales y organizados, demostrando que es una disciplina digna para desarrollarse en todo el país.


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09 enero 2026

Promotores de odio: Un peligro real



En los últimos años, toda América y Europa han sido testigos de un preocupante incremento en la proliferación de discursos de odio impulsados por sectores conservadores y de ultraderecha que, lejos de promover la pluralidad y el respeto, han optado por el acoso, la polarización y la exclusión.

Este fenómeno, que se nutre de narrativas infestadas de falsedades, amenaza los cimientos de la convivencia democrática al atacar sistemáticamente a colectivos vulnerables como los migrantes, las mujeres y la comunidad LGTB.

En España, donde algunos grupos ya han tomado actitudes de terrorismo, el ascenso de movimientos de ultraderecha ha amplificado mensajes que estigmatizan a los migrantes, cuestionan los avances en igualdad de género y ridiculizan las demandas de la comunidad LGTB.

Plataformas digitales y redes sociales han servido como altavoces para estas ideologías de odio donde la retórica agresiva se normaliza bajo el pretexto de la "libertad de expresión".

En países como Irlanda, Italia, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Argentina y México, el panorama no es muy diferente. Influencers pro-odio han utilizado sus redes sociales para “deslegitimar” derechos conquistados tras décadas de lucha, promoviendo un retroceso en los valores de inclusión y diversidad.

El discurso de odio no solo se limita a palabras. En muchos casos, se traduce en acoso físico y psicológico, desde ataques verbales en redes sociales hasta actos de violencia en las calles. Los migrantes, por ejemplo, son frecuentemente señalados como responsables de problemas económicos o sociales, ignorando las dinámicas estructurales que los obligan a abandonar sus países de origen.

Las mujeres que defienden sus derechos reproductivos o la igualdad salarial son tildadas de "radicales", mientras que la comunidad LGTB enfrenta campañas de deshumanización que fomentan la intolerancia, y los casos de agresiones contra esta comunidad se ha incrementado.

Este clima de hostilidad tiene efectos devastadores. Por un lado, profundiza la polarización social, dividiendo a las comunidades en bandos irreconciliables. Por otro, genera un ambiente de miedo que silencia a quienes defienden causas justas, limitando la participación ciudadana y debilitando la democracia.

En España, por ejemplo, los delitos de odio han aumentado en los últimos años, según datos del Ministerio del Interior, con un incremento notable en agresiones motivadas por orientación sexual o identidad de género. En Latinoamérica, organismos como la CIDH han alertado sobre el impacto de estos discursos en la cohesión social, especialmente en contextos de crisis económica y política.

Combatir este problema requiere un esfuerzo conjunto. Los gobiernos deben fortalecer las leyes contra los delitos de odio y garantizar la aplicación efectiva de las penas, sin caer en la tentación de restringir libertades fundamentales. Las plataformas digitales, por su parte, tienen la responsabilidad de moderar contenidos que inciten a la violencia o la discriminación, sin que esto suponga censura arbitraria.

La sociedad civil, incluyendo medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, debe optar por narrativas que promuevan el respeto y la empatía, desmontando los prejuicios que alimentan la ignorancia, la mentira y el odio.

La educación integral es, sin duda, el pilar fundamental para revertir esta tendencia. Enseñar desde edades tempranas los valores de la diversidad, la igualdad y el respeto puede prevenir la normalización de esas ideologías oscurantistas. Asimismo, es crucial que los líderes políticos, empresariales y religiosos, independientemente de su ideología, condenen totalmente cualquier forma de discurso que fomente la exclusión.

El auge de los promotores de ideologías de odio, llamados traficantes de odio, no es un fenómeno aislado ni pasajero, es un desafío que pone a prueba nuestra capacidad de construir sociedades justas y equitativas. En Europa y América, donde la historia ha demostrado la resiliencia de sus pueblos ante la adversidad, es imperativo rechazar la intolerancia y apostar por la convivencia.

La democracia no puede prosperar en un entorno donde el odio reemplaza al diálogo. Es hora de actuar, no solo para proteger a los más vulnerables, sino para preservar la esencia misma de nuestras sociedades.

No dudes en actuar en contra del odio, pues la paz de tu comunidad, y del mundo puede depender de ello.

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06 enero 2026

Gaza: El genocidio palestino




La Franja de Gaza, ese pequeño y densamente poblado enclave mediterráneo, se ha convertido en el cementerio de la conciencia internacional. Lo que allí ocurre no es una guerra más; es, a ojos de gran parte de la comunidad global, la expresión más explícita de una destrucción sistemática y desproporcionada que, según la misma Corte Internacional de Justicia, constituye un genocidio contra el pueblo palestino.

Desde los ataques del 7 de octubre de 2023 por parte de Hamás, la respuesta militar de Israel ha rebasado por mucho el concepto de "defensa propia" para adentrarse en la aniquilación de la infraestructura civil y la vida humana a una escala apocalíptica.

Las cifras no son solo estadísticas, son lápidas para una generación. Miles de niños y mujeres han sido asesinados, y decenas de miles de personas han resultado heridas. Cerca del 70% de las víctimas mortales son civiles, de acuerdo con los propios informes del Ministerio de Salud de Gaza.

Barrios enteros han sido borrados del mapa, escuelas, hospitales e instalaciones de saneamiento han sido atacados, dejando a la población sin refugio, ni atención médica. El bloqueo a la entrada de ayuda humanitaria ha sido utilizado como arma de guerra. A pesar de las órdenes de la CIJ, el flujo de alimentos, agua y medicinas sigue siendo insuficiente, provocando la muerte de niños por inanición y deshidratación, una mancha imborrable en la historia. Cerca del 85% de la población de Gaza ha sido desplazada forzosamente, empujada una y otra vez hacia zonas supuestamente "seguras" que luego son bombardeadas, reviviendo la pesadilla del éxodo palestino llamado “Nakba” de 1948.

Seamos objetivos, el término genocidio señala el intento deliberado de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Las acusaciones no se basan únicamente en el número de muertos, sino en un patrón de conducta y en las intenciones manifestadas por algunos funcionarios y líderes militares israelíes.

La demanda de Sudáfrica ante la CIJ y el dictamen de esta corte, que ordenó a Israel tomar medidas para prevenir actos de genocidio, ha dado legitimidad legal a esta profunda preocupación. El mundo ya no puede pretender ignorar la posibilidad de que se esté cometiendo el crimen de crímenes bajo su mirada.

La masacre de Gaza es también una crónica de la impotencia y la hipocresía internacional. Los países que se autodenominan “líderes” en derechos humanos han condicionado, limitado o incluso suspendido su condena, priorizando alianzas políticas y el flujo de armas sobre el derecho fundamental a la vida de los palestinos.

La negativa a imponer un alto el fuego inmediato y permanente, el fracaso para garantizar el acceso irrestricto de la ayuda, y el suministro continuo de armamento a una de las partes en conflicto son actos que rozan la complicidad moral. La historia juzgará con severidad a aquellos que tuvieron el poder de detener la matanza y decidieron mirar hacia otro lado.

Gaza pertenece a Palestina, y merecen ser libres.

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05 enero 2026

Un cáncer maligno: Conservadores de ultraderecha



El análisis de la ultraderecha a nivel internacional revela un muy serio problema para la sociedad. Si bien los discursos de estos grupos están marcados por el “nacionalismo”, la “soberanía”, falsos “valores tradicionales”, un profundo rechazo al "globalismo", la diversidad y las instituciones multilaterales, parece que existe un esfuerzo articulado y transnacional para influir en la política mundial.

No se trata de una búsqueda directa de imponer un "gobierno mundial" en el sentido clásico de una dictadura internacional, sino de una estrategia para deslegitimar el orden global existente y promover una agenda ideológica homogénea unilateral que favorezca sus ideologías oscurantistas, conservadoras y autoritarias.

Varios estudios, documentos y publicaciones periodísticas, dignas de análisis académico y político, señalan que la ultraderecha ve el sistema de gobernanza actual, compuesto por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea o la Organización Mundial del Comercio, como una amenaza existencial para sus ideologías.

El discurso de la ultraderecha revelan un profundo desprecio por un sistema multilateral y sus valores fundamentales. Esta postura se traduce en la oposición a acuerdos internacionales y busca el debilitamiento de organizaciones supranacionales. De hecho, ciertos grupos político-religiosos (conservadores de ultraderecha) sólo utilizan a la democracia y la libertad de expresión cuando les es favorable, cuando no, buscan coartarla.  

Grupos político-religiosos conservadores, tanto en México como en Estados Unidos, España, Argentina y Chile, han generado una oposición a la Agenda 2030, la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU, que es un pilar para el avance de la sociedad moderna, pero ellos la ven como un “complot” para erosionar su “soberanía” y sus “valores tradicionales”. Este rechazo se extiende a las políticas climáticas globales y a los marcos de derechos humanos universales.

Según los oscurantistas conservadores el sistema multilateral, asociado a la promoción de la democracia liberal, el feminismo, el ecologismo y los derechos de las minorías, lo perciben como el vehículo de una "ideología impuesta a la fuerza" que según ellos debe ser combatida. Mayor patraña no hay, pues recordemos que la democracia liberal es el sistema político que combina la soberanía popular (democracia) con la protección de los derechos individuales y las libertades civiles (liberalismo), estableciendo un gobierno limitado por la ley (Estado de Derecho) y la separación de poderes, donde el poder reside en representantes elegidos por sufragio universal, pero sujeto a una Constitución y a derechos inalienables que protegen a las minorías de la "tiranía de la mayoría". 

Paradójicamente, la ultraderecha, a pesar de su retórica nacionalista, ha desarrollado una sofisticada red de colaboración transnacional para ejercer su influencia a escala global. El modelo usado por varios grupos político-empresariales se ha exportado y replicado globalmente, creando redes transnacionales que promueven ideologías capitalistas, imperialistas y conservadoras de ultraderecha.  

Estas organizaciones trabajan conjuntamente con influencers y “líderes de opinión”, a menudo con una evidente opacidad en su financiamiento, y hacen coincidir sus agendas para así desarrollar acciones conjuntas con impacto internacional. Su misión es influir en las políticas públicas internacionales y en la toma de decisiones en el ámbito global.

La ultraderecha utiliza activamente las plataformas digitales para socavar la calidad del debate público, promover percepciones erróneas, fomentar una mayor hostilidad y erosionar la confianza en la democracia, el periodismo y las instituciones. Esta guerra desinformativa se dirige a deslegitimar la estabilidad político y económico actual. Utilizan bulos, posverdad y desinformación encaminada a favorecer su agenda de trabajo.

De hecho, el concepto de "Nuevo Orden Mundial" tal como lo manejan ciertos sectores de la ultraderecha está profundamente entrelazado con las teorías de la conspiración y la desinformación creadas por ellos mismos.

Estas narrativas basadas en charlatanería conspiranoica, postulan la existencia de una "fuerza secreta que opera en la oscuridad", compuesta por supuestos “lobbys”, logias y organizaciones secretas, que (según dicen ellos) buscan eliminar las barreras nacionales e imponer un "único orden mundial" bajo la bandera de la globalización.

La creencia en estas conspiraciones, según varios estudios, tiene una correlación directa con una deficiencia intelectual (carencia de inteligencia) en la ultraderecha. La idea del “globalismo como enemigo” es vista por analistas como una nueva reformulación de antiguos complots de tiempos de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Todo apuntaría a que ciertos grupos de poder conservadores de ultraderecha están trabajando para imponer sus ideologías, cueste lo que cueste, y pésele a quien le pese, pasando por encima de los derechos humanos y las libertades individuales que todos debemos de tener. Para ello es común que utilicen slogans como “Dios patria y familia”, frase del tirano Benito Mussolini, como si ellos fueran los “buenos”, aunque la historia nos recuerda que en realidad sólo los pro-tiranos usan ese tipo de frases.  

La ultraderecha,a pesar de ser una minoría. sí está involucrada en una estrategia transnacional coordinada con un impacto global significativo. Y es, en esencia, una batalla por la hegemonía ideológica y la redefinición del orden mundial. Es un imperialismo disimulado disfrazado de “defensa de valores” pero que en realidad busca imponer cadenas sociales surgidas de lo más oscuro del pensamiento y la ignorancia.

La auténtica batalla cultural es en contra del oscurantismo que quieren instaurar esos grupos conservadores, que están dispuestos a aplastar a tus seres queridos por defender sus “valores” basados en falsedades. 

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02 enero 2026

2050: ¿El fin de la humanidad?


El año 2050 ha dejado de ser una fecha de ciencia ficción para convertirse en una posible frontera para la naturaleza humana.

Lo que hace unos años parecía un vaticinio extremo, el posible colapso de la civilización humana, es hoy el centro de un debate urgente que une a científicos, economistas y ciudadanos. No se trata solo de termómetros subiendo; se trata de la viabilidad de nuestra estructura social frente a una presión ambiental sin precedentes.

En 2019, el Breakthrough National Centre for Climate Restoration de Australia publicó un documento que rompió los esquemas del optimismo oficialista. Su informe de 2019, titulado "Existential climate-related security risk" (Riesgo de seguridad existencial relacionado con el clima), en su momento se hizo viral por su tono terriblemente crudo.

Mientras los organismos oficiales hablaban de metas de mitigación, este informe australiano introdujo un concepto aterrador. El riesgo del fin de la sociedad tal como la conocemos. Algunos políticos y empresarios conservadores quisieron silenciarlo y olvidarlo, y la pandemia del 2020 por el Covid-19 así lo hizo. Pero las personas con conciencia no lo han olvidado.

El informe no predecía una extinción biológica inmediata de la especie humana, pero sí algo más caótico. A diferencia de otros estudios, este informe utiliza un enfoque de escenario. No dice "esto va a pasar", sino "si no hacemos nada y ocurren estos eventos encadenados, este sería el resultado".

Planteó que la humanidad se enfrenta a una amenaza existencial a corto plazo. Según sus proyecciones, si para 2050 no hemos detenido el calentamiento por encima de los 3°C, nos enfrentaremos a muy serios problemas.

Colapso de ecosistemas clave como el Amazonas y los sistemas coralinos, esenciales para el ciclo del carbono y la alimentación global; desplazamiento masivo de unas mil millones de personas convertidas en refugiados climáticos, huyendo de zonas donde el calor humano es letal; crisis de recursos como guerras por el agua y la tierra cultivable, desestabilizando las democracias actuales.

Hoy, en pleno enero de 2026, los datos refuerzan la gravedad de aquel informe. Según el modelo de los Límites Planetarios del Stockholm Resilience Centre, ya hemos traspasado 7 de las 9 fronteras de seguridad de la Tierra.

La contaminación causada por la industria ha dejado de ser un problema estético para convertirse en un veneno sistémico. Con más de 500 millones de toneladas de plástico producidas anualmente y solo un 9% reciclado, estamos alterando la química básica de los océanos y, con ello, nuestra propia salud reproductiva y metabólica.

Es vital dejar de tener miedo y entrar en acción. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), aunque menos alarmista que el informe de Breakthrough, coincide en que la "ventana de oportunidad" se está cerrando. No estamos ante un destino inevitable, sino ante una crisis de gestión.

Tenemos muy graves problemas y debemos de enfocarnos en ellos: Emisiones de combustibles fósiles, microplásticos y químicos sintéticos, destrucción de hábitats por agricultura industrial, exceso de nitrógeno y fósforo por fertilizantes, extracción masiva de agua dulce para industria y riego, y el evidente cambio climático.

El cambio climático es un epitome de la contaminación causada por la industria del humano, es el mayor catalizador de cambio que hemos tenido. El posible colapso de la humanidad no es una fecha en el calendario, es el posible resultado de la apatía de hoy.

La humanidad, posiblemente, no se extinguirá para el 2050, pero la civilización tal como la conocemos, basada en el consumo infinito y la energía barata, sí podría hacerlo. La pregunta ya no es si el clima cambiará, sino si nosotros cambiaremos lo suficientemente rápido para sobrevivir a ese nuevo mundo.

Y sí, es urgente un nuevo orden mundial, más humanista, más global, más social y más ecológico.

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15 diciembre 2025

Moviente, ideas que generan movimiento



Los invitamos a escuchar nuestro nuevo proyecto donde hablaremos de muchos temas, desde ciencia hasta cultura, y muchos más desde la perspectiva de un periodista y una científica. 

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El peligro del imbécil con iniciativa

 


Pues el mal no siempre es maldad, a veces es simplemente estupidez con poder.

En la sociedad actual solemos temer a la “maldad activa”, aquella que conscientemente busca el daño o el beneficio a costa de otros. Sin embargo, existe una amenaza mucho más insidiosa y corrosiva que se camufla bajo el manto de la buena intención o, peor aún, de la simple inercia, es la del “imbécil con iniciativa”.

Son los que combinan la falta de criterio y visión con una desmedida capacidad de actuar, representan un peligro existencial para cualquier estructura social, desde una empresa hasta una nación.

Para comprender la magnitud de este riesgo, es necesario recurrir a dos de los análisis más lúcidos sobre la estupidez humana, la Teoría de la Estupidez de Dietrich Bonhoeffer y las Cinco Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana de Carlo M. Cipolla.

El filósofo antinazi Dietrich Bonhoeffer, en sus escritos hechos desde la prisión, elevó la estupidez de un defecto cómico a una categoría de preocupación ética y política de primer orden. Para Bonhoeffer, la estupidez no es primordialmente un defecto intelectual, sino un defecto moral.

Según Bonhoeffer, "La estupidez es un enemigo más peligroso del bien que la maldad." Él señala que el estúpido, es el individuo que se deja dominar por las consignas y el adoctrinamiento. Pierde su capacidad crítica, no acepta los hechos que contradicen su visión preestablecida, y es inmune a la razón.

El peligro de esta estupidez reside en su naturaleza, es un instrumento de manipulación que, cuando se le da poder e iniciativa, ejecuta las peores acciones sin “malicia personal”, sino por una ciega obediencia o una convicción errónea.

El "imbécil con iniciativa" es el individuo que, adoctrinado por una ideología, un dogma o una causa superficial, siente el imperativo de actuar inmediatamente impulsado por su ignorancia. El resultado no es solo el fracaso, sino un daño colateral masivo. Ejemplos de estos tipos los podemos ver en los seguidores de ideologías oscurantistas, conservadoras y neo-fascistas, como los fanáticos religiosos de cualquier culto, que quieren coartar los derechos y libertades de los demás por sus creencias mitológicas y supersticiones, queriendo imponer sus dogmas como leyes.

Por otro lado, el gran académico Carlo Cipolla, con una mirada más irónica pero científicamente rigurosa, nos proporcionó sus Cinco Leyes la herramienta definitiva para clasificar y entender el impacto netamente destructivo del estúpido.

Cipolla divide a la humanidad en cuatro categorías: los Inteligentes que se benefician a sí mismos y a otros; los Desgraciados que se dañan a sí mismos y benefician a otros; los Bandidos que se benefician a sí mismos y dañan a otros; y la más peligrosa de todas, los Estúpidos.

La Primera Ley es la base de todo: Siempre e inevitablemente, todo el mundo subestima el número de individuos estúpidos en circulación. Esta ley explica por qué el fenómeno siempre nos toma por sorpresa. "Stultorum infinitus est numerus" (El número de los idiotas es infinito) como dice la Biblia en Eclesiastés 1:15.

Pero es la Cuarta Ley la que define la esencia del imbécil con iniciativa: “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. En particular, la gente no estúpida olvida constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos constituye, infaliblemente, un error muy costoso”.

El estúpido, a diferencia del bandido, no obtiene ningún beneficio de su acción, y a menudo se daña a sí mismo, y a veces hasta se siente orgulloso de lo que causa, especialmente si produce pérdidas para terceros. Por eso la enorme importancia del pensamiento crítico y del escepticismo en la sociedad moderna.

El imbécil con iniciativa es la persona que, armada de un fervor desmedido y una total falta de autocrítica, lanza proyectos fallidos, aprueba legislaciones ilógicas, o implementa cambios disruptivos sin entender las consecuencias. Su única contribución es la destrucción neta del bienestar. Podemos señalar a varios líderes políticos y religiosos como ejemplos con estas características.  

El peligro no reside en el estúpido pasivo que se queda en casa, sino en el individuo que se siente habilitado a transformar su estupidez en política, norma o acción social. El imbécil tiene inmunidad a la razón, no aprende de los errores, repite el daño. Tiene iniciativa ilimitada, su incapacidad se traduce en acción inmediata y a gran escala. Genera “daño gratuito”, causa destrucción del valor social sin ningún beneficio compensatorio para nadie. Padece de incapacidad de evaluación, falla en ver el futuro impacto negativo de sus propias ideas.

La sociedad debe aprender a identificar y a neutralizar al imbécil con iniciativa, no mediante el castigo, sino mediante la aplicación rigurosa de filtros de competencia, crítica constructiva y, sobre todo, la exigencia de una humildad intelectual que el estúpido activo es incapaz de poseer.

La inteligencia debe priorizar la cautela sobre el entusiasmo ciego. De lo contrario, seguiremos siendo víctimas del enemigo más peligroso de la humanidad, el imbécil que nos daña de forma más eficiente y más gratuita que la maldad más calculada.

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12 diciembre 2025

Marcos Cipac el creador de la Virgen de Guadalupe



En el corazón de la devoción mexicana late la imagen de la Virgen de Guadalupe, un símbolo de fe, identidad y resistencia cultural que ha trascendido siglos.

Tradicionalmente, la narrativa católica oficial sostiene que esta imagen “milagrosa” apareció de forma divina en la tilma de Juan Diego en 1531, durante una serie de apariciones marianas en el cerro del Tepeyac.

Sin embargo, un examen riguroso de los datos históricos revela una historia más humana y arraigada en el talento indígena del siglo XVI. El verdadero artífice detrás de esta icónica obra no fue un milagro celestial, sino el pincel de Marcos Cipac de Aquino, un pintor indígena nahua cuya contribución ha sido eclipsada por el oscurantismo religioso. Basándonos en testimonios contemporáneos, crónicas coloniales y análisis académicos, es hora de reconocer el genio humano en esta pieza maestra.

La evidencia histórica comienza en los archivos eclesiásticos de 1556, apenas un cuarto de siglo después de la supuesta aparición. En ese año, el fraile franciscano Francisco de Bustamante, denunció públicamente la imagen como una creación humana durante un sermón en la Catedral de México.

Bustamante, preocupado por lo que consideraba una devoción excesiva y potencialmente idólatra, instó a una investigación oficial liderada por el arzobispo Alonso de Montúfar. Durante esta indagatoria, Bustamante y cuatro testigos declararon bajo juramento que la imagen en la tilma era obra de manos humanas. Uno de los testigos identificó explícitamente al artista como "el indio Marcos", un pintor nativo que operaba en la Ciudad de México en la década de 1550. Era una época en que los artistas indígenas, eran capacitados en los conventos franciscanos, y fusionaban tradiciones prehispánicas con influencias europeas para producir arte religioso.

¿Quién era este "indio Marcos"? Los historiadores lo identifican como Marcos Cipac de Aquino, un talentoso pintor nahua mencionado en varias crónicas clave de la conquista. Bernal Díaz del Castillo, en su obra "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España", elogia a Cipac de Aquino como uno de los tres pintores indígenas más destacados de América, comparándolo nada menos que con el renacentista italiano Miguel Ángel.

Bernal Díaz, testigo ocular de la conquista, describe a Cipac como un maestro en el arte pictórico, capaz de crear obras de gran belleza y detalle. En el fértil ambiente cultural de la Nueva España posterior a la conquista, donde los frailes enseñaban técnicas europeas a los artistas nativos. Cipac trabajaba bajo el mando de figuras como el arzobispo Montúfar.

Estudios académicos, como el gran análisis e investigación de Jeanette Peterson, sugieren que Cipac intencionalmente incorporó elementos étnicos en la imagen como la piel morena de la Virgen, su cabello negro y su postura, que evocan a la diosa azteca Tonantzin, diosa madre venerada originalmente en el mismo Carro del Tepeyac. Estos rasgos no solo verifican una autoría indígena, sino que también explican cómo la imagen sirvió como herramienta para el adoctrinamiento, adaptando el catolicismo a las creencias locales.

Otras fuentes adicionales corroboran esta tesis. En el contexto de la colonización española tras la caída de Tenochtitlán en 1521, la imagen de Guadalupe emergió como un instrumento de conversión. Portales educativos como Smarthistory y Khan Academy señalan que varios expertos atribuyen la obra directamente a Cipac, realizada en siglo XVI, y la describen como un producto de la cultura virreinal, inspirado en grabados marianos europeos, libros ilustrados y murales monásticos.

La tela de la tilma, que no es un ayate, está hecha de una mezcla de cáñamo y lino, no de fibras de agave como se cuenta, y los pigmentos utilizados, aunque duraderos, se alinean perfectamente con técnicas pictóricas del siglo XVI, no con un origen sobrenatural. Recordemos que existen obras pictóricas mucho más antiguas, pertenecientes al Arte Bizantino y al Gótico Temprano, que siguen existiendo en nuestros días.

Por supuesto, la Iglesia Católica mantiene la posición oficial de que la imagen es un “milagro divino”, impreso en un ayate sin intervención humana, como se señala en documentos vaticanos y en la tradición guadalupana. Recordemos que esta veneración le ha generado enormes ganancias económicas durante varios siglos, por eso la importancia de este símbolo en Latinoamérica.

A pesar de los “estudios científicos”, que “no encontraron explicación para su preservación”, pero tampoco descartaron su muy posible origen humano. Sin embargo, estos argumentos no invalidan los testimonios históricos desde 1556, que preceden a la consolidación de la leyenda milagrosa. Críticos escépticos, como los del Skeptical Inquirer, ven la imagen como una pintura del siglo XVI, posiblemente creada para fomentar la devoción en una población indígena recién convertida.

Sobre el mito de Juan Diego... Joaquín García Icazbalceta, historiador del siglo XIX, negó la historia de la aparición e indicó en un informe al arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, en 1883, que nunca existió tal persona llamada Juan Diego Cuauhtlatoatzin, algo que en su momento también confirmó el propio Guillermo Schulenburg, antiguo abad de la Basílica de Guadalupe, y también negado por Stafford Poole, sacerdote, historiador e investigador estadounidense especializado en el tema guadalupano. Pero Juan Pablo II lo hizo "santo", faltando a su mandamiento de no levantar falso testimonio.

Por si fuese poco, siendo honestos, la Virgen de Guadalupe del Tepeyac sería una versión pictórica tropicalizada de la antigua figura de la Virgen de Guadalupe de Extremadura, España, de hecho, la palabra "Guadalupe" en realidad proviene del árabe "Wādi al-Lubb", que significa “río de lobos” o "río oculto".

Reconocer a Marcos Cipac de Aquino como el pintor de la Virgen de Guadalupe no resta valor a su impacto espiritual; al contrario, enaltece el ingenio indígena en una era de oscuridad y opresión colonial. Esta perspectiva invita a una fe más inclusiva, donde el “milagro” reside en la resiliencia cultural y no en la negación de la historia.

En un México moderno, donde la identidad se teje entre lo prehispánico y lo cristiano, es tiempo de honrar a Cipac como el artista que dio forma a un ícono eterno. La verdad histórica, lejos de erosionar la devoción, la enriquece con capas de humanidad.

La imagen de la Virgen de Guadalupe, venerada por millones, ha sido tradicionalmente envuelta en el manto del milagro. Sin embargo, la historia, a través de sus documentos y análisis, ofrece una perspectiva fascinante y sólida que apunta a un talentoso artista indígena del siglo XVI como su verdadero autor: Marcos Cipac de Aquino.

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26 noviembre 2025

Decir lo que se tiene que saber



El periodismo, en su esencia más pura, no es un ejercicio de complacencia. En una era definida por la polarización y la gratificación instantánea, se confunde a menudo al periodista con el influencer, al crítico con el opinólogo, y a los datos duros con una opinión. Es crucial, por ello, recordar la función radical y estrictamente progresista de esta profesión.

De hecho, hacer periodismo para muchos, es casi por definición, un acto de incomodar, pues el periodista es el que dice lo que se tiene que saber. Por ello, el periodista genuino debe ser, ante todo, un faro de información esencial. No tiene que ser un “sabelotodo”, pero mucho menos un ignorante en materia de cultura general o ciencias naturales.

El periodista no se hace con un título o diploma, se hace con su “talacha”, con su trabajo, con su trayectoria. Su deber primordial no es susurrar a un público cautivo lo que desean escuchar, ni hacer eco de los himnos del líder político o religioso de turno. Repito para que quede bien claro, su misión ante todo, es decir lo que se tiene que saber, incluso si esa revelación resulta punzante, molesta o profundamente inconveniente.

Un periodista real es intrínsecamente progresista porque sus bases de pensamiento deben estar fundadas en el pensamiento crítico y en la evidencia. Esto implica una obligación ineludible: Ser un promotor de la ciencia, la cultura y de la razón.

El verdadero periodista no flirtea con la charlatanería. No da tribuna imparcial a la pseudociencia, sino que la cuestiona, la expone y, si es posible, la refuta con datos duros. Su trinchera no es la de la creencia, sino la del conocimiento verificado. En la balanza de la verdad, el periodista no puede sopesar la opinión de un científico o un especialista contra la de un charlatán antivacunas, un anti-cambio climático, o un fascista anti-derechos humanos, como si fuesen equivalentes; tiene el deber ético de señalar cuál camino conduce a la luz y cuál a la oscuridad. Como dicen, si uno dice que llueve, su obligación es abrir la ventana y verificarlo.

El periodismo real no debe dar lugar al conservadurismo dogmático, la tiranía o el fascismo. De hecho, es su antítesis. Es el instrumento civil que señala lo incorrecto cuando el poder se desboca. Enaltecer lo virtuoso, lo valeroso y lo justo es inseparable de la tarea de desenmascarar al tirano, al demagogo y al corrupto. Por eso los verdaderos periodistas, a lo largo de la historia, han sido hostigados por los más corruptos: Líderes políticos, empresarios, líderes religiosos y charlatanes.

Ser periodista es abrazar una postura ética y política, no partidista. La postura de la libertad, la justicia y la democracia razonada. Quien se alinea con las dictaduras, el fanatismo religioso o los dogmas inamovibles, ha abdicado de su rol de vigilante de la voz del pueblo. Ha cambiado su pluma por un cetro podrido o por un fajo de billetes.

La diferencia fundamental radica en el propósito. Quien solo repite mensajes agradables, quien evita la crítica para mantener el rating o los patrocinios, quien intercambia la verdad por vistas y popularidad, no es un periodista. Es, simplemente, un mercader de la palabra; ahora les dicen influencers.

El influencer se vende por lo que es popular; el periodista ofrece lo que es vital. El mercader busca el aplauso; el periodista debe estar preparado para dar el discurso incómodo y, peor aún, para la represalia. Hay quienes lloran por ser agredidos al grabar un hecho público, pues esa es la diferencia, el periodista ya lleva en mente la idea de que puede ser agredido por hacer eso, y está dispuesto a luchar para hacerlo público.

En última instancia, la única lealtad innegociable del periodista es con la cruda realidad y con la ciudadanía que tiene el derecho a conocerla. Aceptar menos que esto es traicionar el oficio. La incomodidad que provoca el periodismo es la señal más clara de que la sociedad está siendo obligada a pensar y, por lo tanto, a progresar.

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